Capitulo 05. Funciones del Capital

El capital aumenta el poder productivo del trabajo: 1) Al permitir que el trabajo se aplique de un modo más eficaz; vgr. arrancando almejas con una azadilla, en vez de hacerlo con la mano, o propulsando un buque con el carbón traspalado al hogar, en vez de bogar con remos. 2) Al permitir que el trabajo se aproveche de las fuerzas reproductivas de la naturaleza; vgr. al obtener grano sembrándolo o animales criándolos. 3) Al permitir la división del trabajo y de este modo, por una parte aumentar la eficacia del factor humano, con la utilización de aptitudes especiales, la adquisición de habilidad y la reducción de gastos; y por otra parte, llevar al máximo el poder del factor natural, al sacar partido de las diferencias de suelo, clima y situación, para obtener cada clase especial de riqueza, donde la naturaleza es más favorable a su producción.

El capital no limita la actividad productora, cuyo único límite es el acceso a los materiales naturales. Pero el capital puede limitar la forma y productividad de aquélla, al limitar el uso de los instrumentos y la división del trabajo.

Que el capital puede limitar la forma de la actividad productora es evidente. Sin la fábrica no habría obreros fabriles; sin la máquina de coser no habría costura a máquina; ni, sin arado, arador; y sin un gran capital destinado al cambio, la actividad productora no tomaría las múltiples formas especiales propias del cambio.

También está claro que la falta de instrumentos ha de limitar mucho la productividad del trabajo. Si el labrador ha de emplear la pala, por no tener un arado, la hoz en vez de la máquina segadora, el mayal en vez de la trilladora; si el mecánico se ha de limitar al cortafríos para cortar hierro, el tejedor al telar a mano y así los demás, la productividad del trabajo no puede ser una décima parte de lo que es cuando es auxiliado por el capital en forma de los mejores instrumentos modernos. La división del trabajo no pasaría más allá de los más rudimentarios y casi imperceptibles comienzos; ni los cambios que hacen posible la división del trabajo, alcanzarían más allá de los vecinos más próximos, si no se mantuviese constantemente en depósito o circulación una porción de las cosas producidas.

Para que el habitante de una colectividad civilizada pueda cambiar a su gusto su propio trabajo con el de sus vecinos o con el de los hombres de los más remotos países del globo, han de haber depósitos de mercancías en almacenes, tiendas, bodegas de los barcos y vagones de ferrocarril. Para que los ciudadanos de una gran urbe puedan tomar un vaso de agua cuando quieran, ha de haber miles de millones de litros almacenados en los depósitos y circulando por kilómetros de tuberías

Podemos naturalmente, imaginar una colectividad en la que la falta de capital sea lo único que impide un aumento de la productividad del trabajo; pero sólo imaginando un conjunto de condiciones que nunca o raras veces ocurre, a no ser por accidente o de un modo pasajero. Una población cuyo capital ha sido aniquilado por una guerra, un incendio o una convulsión de la naturaleza y quizás una población, compuesta de gente civilizada recién establecida en un país nuevo, parecen proporcionar los únicos ejemplos. Sin embargo, hace mucho tiempo que se sabe cuán aprisa acostumbra a reproducirse, en una población asolada por la guerra, el capital que habitualmente se usa en aquélla, mientras que en el caso de una nueva colectividad, se observa también la rápida producción del capital que puede usar o está dispuesta a usar.

Sería un error atribuir solamente a la falta de capital las formas sencillas de producción y cambio a que se recurre en las sociedades nuevas. Estos métodos, que requieren poco capital, son en sí mismos rudimentarios y poco productivos, pero teniendo en cuenta las circunstancias de estas poblaciones, se advierte que son los más eficaces. Una gran fábrica con los últimos adelantos es el instrumento más eficaz ideado hasta hoy para convertir lana o algodón en tela, pero sólo es así donde se han de hacer grandes cantidades. La tela que se necesita solamente para una pequeña aldea, puede hacerse con mucho menos trabajo mediante la rueca y el telar de mano. Para transportar de vez en cuando dos o tres pasajeros, un bote es mejor instrumento que un buque de vapor; unos pocos sacos de harina se pueden transportar con menos trabajo a lomos de un mulo que con un ferrocarril; poner un gran almacén de mercancías en una encrucijada de la selva no sería sino despilfarrar capital.

Hablando en general, no se empleará una cantidad de capital mayor que la requerida por el mecanismo de producción y cambio que, en las condiciones existentes tales como inteligencia, costumbres, seguridad y densidad de población, convenga mejor a los pueblos.

Salario y Capital. Conclusiones Generales

En esta indagación, nuestro propósito es resolver el problema al cual se han dado tantas respuestas incongruentes. Al averiguar lo que el capital realmente es y hace, hemos dado el paso primero y más importante.

Hemos visto que el capital no anticipa los salarios ni sustenta a los trabajadores, sino que su función es ayudar al trabajo en la producción, herramientas, semillas, etc. y con la riqueza necesaria para efectuar cambios.

Nos vemos irresistiblemente llevados a conclusiones prácticas tan importantes que justifican de sobra la molestia de asegurarse de ellas. Pues si los salarios se sacan, no del capital, sino del producto del trabajo, se deben desechar todos los remedios propuestos, sea por profesores de Economía Política, sea por trabajadores, que miran de aliviar la pobreza, ya aumentando el capital, ya restringiendo el número de trabajadores o el resultado de su trabajo.

Si cada trabajador, al efectuar su trabajo, realmente crea el fondo del cual su salario procede, el aumento de trabajadores no puede disminuir los salarios. Al contrario, puesto que la eficacia del trabajo crece visiblemente al aumentar el número de trabajadores, cuantos más trabajadores haya, tantos mayores serán, en igualdad de circunstancias, los salarios. Pero esta condición, «en igualdad de circunstancias», nos lleva a una pregunta que hemos de considerar y contestar antes de seguir adelante. Esta pregunta es: las capacidades productivas de la naturaleza, ¿tienden a disminuir con las crecientes extracciones que en ellas se hace al aumentar la población?