Capitulo 14. Persistencia de la pobreza en medio del aumento de la riqueza

Echad una mirada al mundo actual. En las naciones más diferentes en las más diversas condiciones de gobierno, industrias, aduanas y monedas, encontraréis pobreza entre las clases trabajadoras; pero donde quiera que halléis así apuros y privaciones en medio de la riqueza, veréis que la tierra está monopolizada; que para emplearla para el trabajo, se arrancan grandes rentas de las ganancias de éste.

Echad una mirada al mundo actual comparando diferentes paises, y veréis que no es la abundancia de capital ni la productividad del trabajo lo que hace los salarios altos o bajos, sino el grado en que los monopolizadores de tierra pueden exigir, como renta, tributos sobre las ganancias del trabajo.

¿No es un hecho que los paises nuevos, donde la riqueza conjunta es poca, pero la tierra es barata, siempre son mejores, para las clases trabajadoras, que los paises ricos, donde la tierra es cara?

En las nuevas colonizaciones, en que la tierra es barata, no encontraréis mendigos, y a las desigualdades de posición son muy ligeras. En las grandes ciudades, en las que la tierra vale tanto que se mide por pies (1), encontraréis los extremos de la pobreza y del lujo. Y esta disparidad de situación entre los dos extremos de la escala social, siempre se puede medir por el precio de la tierra. Comparad diferentes épocas de un mismo país, y la misma relación es evidente.

No hay, por ejemplo, misterio alguno respecto a la causa que tan súbita e intensamente subió los salarios en California en 1849. Fue el descubrimiento de los filones de oro en tierra sin dueño, de libre acceso al trabajo, lo que subió a quinientos dólares al mes el salario de los cocineros en los restaurantes de San Francisco y dejó los buques pudriéndose en el puerto, sin oficialidad ni tripulación, hasta que sus dueños decidieron pagar sueldos que en cualquier otra parte del mundo parecían fabulosos. Si aquellas minas hubiesen estado en tierra adueñada o hubiesen sido inmediatamente monopolizadas, de modo que hubiese podido surgir renta, los que habrían crecido a saltos, habrían sido los valores de la tierra, no los salarios. La veta de Comstock (2) ha sido más rica que aquellos filones, pero pronto fue monopolizada, y solamente gracias a la fuerte organización de la asociación de los mineros y al temor al perjuicio que ésta podía causar, pudieron los trabajadores ganar cuatro dólares al día por asarse a seiscientos metros bajo tierra, adonde se había de inyectar con bombas el aire que respiraban.

La riqueza de la veta de Comstock ha aumentado la renta. El precio de venta de estas minas ha llegado a centenares de millones y ha producido fortunas individuales cuyos réditos mensuales sólo pueden evaluarse en cientos de miles, si no en millones.

Tampoco hay misterio alguno en la causa que ha reducido los salarios en California desde el máximo de los primeros tiempos hasta un nivel muy próximo al de los salarios de los Estados del Este. La productividad del trabajo no disminuyó, sino que, por el contrario, aumentó; pero, de lo que producía, el trabajo tuvo que pagar renta. Cuando los filones se agotaron, el trabajo tuvo que recurrir a minas más profundas y a la tierra agrícola, pero, habiéndose permitido monopolizar estos recursos, los hombres recorrían las calles de San Francisco dispuestos a trabajar a cualquier precio, porque las oportunidades naturales ya no estaban libres para el trabajo.

La Isla de la Libre Oportunidad

A alguien capaz de razonar bien, hacedle esta pregunta: «Supongamos que, del Canal de la Mancha o del Mar del Norte, emerje una tierra sin dueño, en la cual el trabajo ordinario, en cantidad ilimitada, pudiese ganar el doble o el triple del salario actual, quedando la tierra sin apropiar y de libre acceso, como las tierras municipales que en épocas pasadas abarcaban tan gran parte del suelo inglés. ¿Cuál sería el efecto sobre los salarios en Inglaterra?

En seguida os contestará que los salarios ordinarios en toda Inglaterra pronto subirían hasta el equivalente de lo que se pudiese ganar en aquella tierra.

Y en contestación a esta otra pregunta, «¿Cuál sería el efecto sobre las rentas?», después de un momento de reflexión, os dirá que forzosamente las rentas bajarían; y si deduce lo que viene después, os dirá que todo esto ocurriría sin que ninguna parte importante del trabajo inglés se desviara hacia las nuevas oportunidades naturales y sin que la forma y dirección de la industria variase mucho; abandonándose sólo aquella clase de producción que ahora rinde al trabajo y al propietario juntos menos de lo que el trabajo pudiese procurarse en las nuevas oportunidades. El alza de los salarios tendría lugar a costa de la renta.

Tomad al mismo individuo o a otro, algún dicho negociante que no esté por teorías, pero que sepa cómo ganar dinero. Decidle: «He aquí una aldehuela; dentro de diez años tendrá en abundancia toda suerte de maquinarias y adelantos de los que tan enormemente multiplican el poder efectivo del trabajo. Dentro de diez años, el interés ¿será más alto?»

Os dirá: «¡No!»

«¿Serán más altos los salarios del trabajo corriente? A un hombre que no tenga sino su trabajo, ¿le será más fácil lograr una vida independiente?»

Os dirá: «No; los salarios del trabajo ordinario no serán más altos; al contrario, lo más probable es que sean más bajos; no le será más fácil al simple trabajador el crearse una vida independiente; probablemente le será más dificil.»

«Entonces, ¿qué será más alto?»

«La renta; el valor de la tierra. Id, procuraos una porción de tierra y guardadla en vuestro poder.»

Y si, en estas circunstancias, seguís su consejo, no necesitáis nada más. Podéis sentaros y fumar vuestra pipa; podéis tumbaros como los lazzaroni* de Nápoles o los léperos* de Méjico; podéis iros en globo o meteros en un hoyo bajo tierra; y sin hacer ni pizca de trabajo, sin añadir ni un ápice a la riqueza de la sociedad, al cabo de diez años seréis ricos. En la nueva ciudad podréis tener una lujosa mansión; pero entre sus edificios públicos habrá un hospicio.

El Dibujo Aclarado

En nuestra investigación hemos avanzado hacia esta verdad: como que la tierra es necesaria para aplicar el trabajo a la producción de riqueza, dominar la tierra que aquél necesita es dominar todos los frutos del mismo, excepto lo suficiente para que el trabajo pueda existir. Esta sencilla verdad, en su aplicación a los problemas sociales y políticos, se oculta a las grandes multitudes, en parte por su misma sencillez y en parte por las falsedades divulgadas y hábitos erróneos del pensamiento, que llevan a buscar en todas direcciones, menos en la correcta, la explicación de los males que oprimen y amenazan al mundo civilizado. Y detrás de estas laboriosas falacias y engañosas teorías hay un poder activo, enérgico, un poder que en cada país, cualquiera que sea su forma política, dicta leyes y moldea las ideas, el poder de un interés pecuniario vasto y dominante.

Pero tan sencilla y tan clara es esta verdad, que el verla plenamente una vez es reconocerla para siempre. Hay dibujos que, mirados una y otra vez, sólo presentan un confuso laberinto de líneas o rasgos, un paisaje, árboles o algo parecido, hasta que la atención se fija en que estas cosas forman una cara o una figura. Una vez hallada esta relación, siempre más queda clara. Así ocurre en este caso.

A la luz de aquella verdad, todos los hechos sociales se agrupan en una relación ordenada y se ve que los más diversos fenómenos surgen de un gran principio. No es en las relaciones entre capital y trabajo, no es en la presión de la población contra las subsistancias donde se ha de hallar una explicación del desigual desarrollo de nuestra civilización. La gran causa de la desigualdad en la distribu ción de la riqueza, es la desigualdad en la propiedad de la tierra.

La propiedad de la tierra es el gran hecho fundamental que, en definitiva, determina la condición social, política y, por consiguiente, intelectual y moral de un pueblo. Y ha de ser así. Porque la tierra es la morada del hombre, el almacén de donde ha de sacar todo lo que él necesita, el material al cual ha de aplicar el trabajo para satisfacer todos sus deseos; pues ni siquiera se pueden tomar los productos del mar, disfrutar de la luz del sol ni utilizar ninguna de las fuerzas de la naturaleza, sin usar la tierra o sus productos. Sobre la tierra nacemos, de ella vivimos, a ella volvemos, hijos del suelo tan de veras como la hoja de hierba o la flor del campo. Quitad al hombre todo lo que pertenece a la tierra y sólo queda un espíritu incorpóreo.

El progreso material no puede independizarnos de la tierra; no puede sino aumentar el poder de producir riqueza con ella; y por esto, cuando la tierra está monopolizada, aquél puede avanzar hasta el infinito sin elevar los salarios ni mejorar la condición de los que sólo disponen de su trabajo. No puede sino aumentar el valor de la tierra y el poder conferido por la posesión de la misma.

Siempre, en todos los tiempos, en todos los pueblos, la posesión de la tierra es la base de la aristocracia, el cimiento de las grandes fortunas, la fuente del poder. Como, en edades remotas, dijeron los Brahmanes*:

«A quienquiera que en cualquier tiempo el suelo pertenezca, a él pertenecen sus frutos. Quitasoles blancos y elefantes locos de orgullo son las flores de una donación de tierra.»

(1) Un pie equivale a 30 1/2 centimetros. (N. del T.)

(2) La Comstock Lode, famosa mina de plata de Nevada (Estados Unidos) descubierta en 1859.